Hacía tiempo, según mi madre, que nadie era digno de vivir en el mar. Todos los años, al cumplir dieciséis años los jóvenes, eran mandados al mar. Era una prueba, consistía en tumbarte, dejarte flotar en el agua... Si eras uno de ellos, automáticamente el agua cambiaba de color, y acto seguido tenías que abandonar a tu familia para adentrarte en las profundidades del mar.
Hoy me tocaba hacer esa prueba, quería ser uno de ellos, huir de aquí. Eso significaría ser libre, pero también ser rechazada por mi propia familia.
Hoy me tocaba hacer esa prueba, quería ser uno de ellos, huir de aquí. Eso significaría ser libre, pero también ser rechazada por mi propia familia.
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